Transcripció Museu Olot

Transcripción completa organizada por temas

Versión desarrollada en español, en orden cronológico y temático

Nota: esta versión desarrolla la información de la conversación y la agrupa por temas; no es una traducción literal frase por frase. Algunos nombres y datos que resultan inciertos en la transcripción se señalan como tales.

1. Presentación de la visita y origen del museo

La conversación empieza con una breve charla sobre la Escola d’Art y los estudios de Diseño de Interiores y Diseño Gráfico de la ESDAB. Los estudiantes explican que visitan el museo para conocer su historia, su fundación y su trayectoria. El hombre mayor acepta explicarles el recorrido general y comenta que ha preparado fotocopias para que puedan llevarse información.

Explica que el museo siempre ha estado en el mismo edificio, aunque ha ido cambiando de planta y modificando sus espacios. Abrió sus puertas en 1905 como museo-biblioteca, una única institución que reunía una biblioteca histórica y el museo. La decisión municipal de abrirlo se había acordado ya en 1898. Para ponerlo en marcha se utilizaron fondos que la ciudad ya tenía y objetos recibidos en donación; además, se hizo un llamamiento a propietarios y familias acomodadas para que entregaran aquello que consideraran importante conservar en el museo.

Llegaron objetos muy diversos, procedentes tanto de la comarca como de fuera: herramientas de oficios, monedas, armas, ropa y hasta dos samuráis japoneses que formaban parte de una colección. No todo se exponía, pero los fondos se organizaron en el edificio. En sus primeros años el museo abría con menos frecuencia que hoy y era una institución más cerrada. En 1924–1925 se remodelaron algunas salas.

2. Malagrida, Cigarrillos París y el museo como cámara de maravillas

El hombre pregunta si los estudiantes conocen la Torre Malagrida. Explica que actualmente es un albergue juvenil y que forma parte de una zona urbanizada por Joan Malagrida, un olotense que hizo una gran fortuna en Argentina con el tabaco. Al regresar muy rico, impulsó la urbanización de aquella zona, hizo construir la casa que hoy es el albergue juvenil y la escuela Malagrida, y donó al museo su colección de carteles de Cigarrillos París, además de pagar la reforma de una sala para exponerlos.

El museo de aquellos años se parecía a una “cámara de maravillas”: los carteles de Cigarrillos París convivían con esculturas de Josep Clarà y con una sala de ciencias naturales donde había una colección importante de bombas volcánicas, entre otros materiales. Con el paso de los años, el Ayuntamiento y otras personas fueron reformando diferentes partes del edificio.

3. La Guerra Civil, la Torre Castanys y el retorno a Olot

Durante la Guerra Civil, el edificio del hospicio se convirtió en un lugar de refugio para objetos valiosos que se temía que fueran destruidos o robados. El conservador del museo y voluntarios salvaron objetos de iglesias de la ciudad, y particulares también llevaron allí piezas para protegerlas. El edificio funcionó como almacén. Al terminar la guerra, algunas personas acudieron a recuperar sus pertenencias y otras aprovecharon el desorden para llevarse objetos adicionales. El museo permaneció cerrado.

Después se decidió abrir un nuevo museo en la Torre Castanys, en el Parc Nou, un edificio que una familia había donado al Ayuntamiento. Allí se instaló el Museu d’Art Modern, con pintura desde mediados o finales del siglo XIX hasta la época. Se trasladaron allí La càrrega, de Ramon Casas, carteles de Santiago Rusiñol París y obras vinculadas a Vayreda. Unos años después, hacia 1962–1963, las colecciones regresaron al edificio del museo. Se instalaron en la primera planta y la institución pasó a llamarse Museu Arqueològic, con mayor énfasis en la arqueología. Poco a poco se abrieron nuevas salas, una dedicada al pesebre y otra a Miquel Blay.

4. El robo de los años ochenta y la reorganización de la exposición

En la década de 1980 el museo sufrió un robo atribuido al ladrón conocido como Érik el Belga, que expolió obras en Cataluña y en otros lugares de España. Desaparecieron monedas, armas y objetos como botes de farmacia, difíciles de identificar y recuperar porque no eran piezas únicas. Algunas obras singulares se recuperaron en Zúrich, en el mercado negro, pero otras no pudieron recuperarse.

El robo llevó al cierre temporal del museo para poner orden y realizar un inventario completo. Los inventarios anteriores databan de los años treinta y sesenta. También se reformó el edificio, se añadió una planta y el museo se trasladó a la parte superior, donde se encuentra la exposición actual. La reapertura se sitúa aproximadamente en 1987. En una primera etapa, bajo la dirección de Gabriel Alcalde, el museo se dividía entre etnología y arte. En 2017, con la directora actual, Montse, se decidió utilizar el arte como hilo argumental de todo el museo, incorporando alrededor de las obras hechos históricos, guerras y temas industriales cuando ayudan a explicarlas.

5. Adquisiciones, donaciones, depósitos y comodatos

Los estudiantes preguntan si las obras que llegan al museo son donaciones o si también se compran. El hombre explica que para un Ayuntamiento pequeño es difícil comprar obras y que las compras suelen ser puntuales, a través de líneas de subvención de la Generalitat de Catalunya. Estas convocatorias incluyen arte contemporáneo, arte de posguerra, cómic, fotografía y otras categorías. Los museos presentan informes para justificar qué piezas consideran importantes; también pueden proponer adquisiciones particulares o artistas. Una junta evalúa las propuestas y decide qué obras se compran. En los últimos años se han adquirido bastantes obras, casi una al año. En el año de la conversación se compró una obra de arte de posguerra de 1946, de Coros, pero no la pieza de arte contemporáneo que el museo había propuesto; el año anterior sí se había comprado arte contemporáneo.

Otra vía es la donación y el depósito. A menudo las familias contactan con el museo cuando fallece un familiar y quedan objetos en una casa, por ejemplo imágenes religiosas. El museo revisa las piezas y acepta las que sean singulares y no estén ya representadas en sus fondos. Una donación transfiere la pieza al museo; un depósito puede formalizarse como comodato. Según explica el hombre, el comodato permite al museo utilizar la pieza y prestarla a otra institución, y el propietario puede solicitar que se la devuelvan, normalmente en un plazo de treinta días.

El museo selecciona cuidadosamente las incorporaciones para no convertirse en un almacén de colecciones privadas. No busca tener cien cuadros de un mismo artista, sino una representación de unas cinco o diez piezas, preferiblemente importantes y de distintas etapas, que permita explicar al artista. Para exposiciones temporales, el museo puede pedir prestadas obras a particulares.

6. Donaciones importantes y colección de pintura local

El hombre distingue entre la importancia de una donación por el valor de las piezas y por el número de obras. Recuerda que, unos cinco años antes, un particular donó una colección de pintura local de Olot. El museo visitó la colección y seleccionó algo más de veinte piezas. No eran obras de gran precio, pero sí constituían una aportación significativa de pintura paisajística y de artistas de la zona, principalmente de la segunda mitad del siglo XX y del cambio de siglo. El donante pidió que no se revelara su nombre, por lo que las cartelas indican que hubo una donación sin identificar al donante.

Al hablar de conjuntos especialmente relevantes, el hombre menciona una colección cuyo nombre aparece transcrito de forma incierta como “Cie Ralló Espariz”, y pasa a explicar la historia de la cooperativa cerámica El Coure.

7. El Coure, Estiu 86 y la cerámica japonesa contemporánea

En los años ochenta se fundó en Olot la cooperativa de ceramistas El Coure. Muchos de sus integrantes habían llegado de otros lugares. Entre los nombres destacados se mencionan Claudi Casanovas y Joan Carrillo, dentro de un grupo de seis o siete personas. Querían reivindicar la cerámica como un arte mayor, no solo como artesanía utilitaria. Abrieron una tienda en el carrer dels Sastres y organizaron dos encuentros de trabajo o workshops.

El primero se celebró en 1985 con artistas europeos que acudieron a enseñar cómo trabajaban. El más importante fue Estiu 86, celebrado en 1986 en la Vall de Bianya, al que invitaron a siete artistas japoneses para impartir clases. Participaron alrededor de 300 personas y el encuentro tuvo una gran influencia conceptual en la cerámica de Cataluña y España. Más de setenta piezas producidas durante el workshop fueron donadas o depositadas en el museo.

El hombre considera probable que el museo conserve una de las colecciones de cerámica contemporánea japonesa más importantes de los museos españoles, aunque reconoce que es difícil comprobarlo de forma absoluta. En el momento de la visita, cinco piezas estaban prestadas para una exposición inaugurada en Luxemburgo, que después viajaría a Múnich y terminaría en el Guggenheim de Bilbao durante el verano del año siguiente. Se trata de obras de artistas japonesas. Entre los ejemplos se menciona una pieza con una caja de Coca-Cola, obra de una artista apellidada Mishima, fallecida unos años antes; también se recuerda que Koi había muerto hacía unos cinco años.

8. El fondo de Josep Clarà y la colección del padre Gelabert

Otro depósito institucional importante es el fondo de Josep Clarà. En Barcelona existió un museo dedicado al escultor en la zona alta de la ciudad. Tras su muerte, el museo siguió funcionando un tiempo, pero el Ayuntamiento de Barcelona decidió cerrarlo y convertir el edificio en biblioteca. El fondo, de más de mil piezas, pasó al MNAC. Como Clarà había nacido en Olot, el alcalde de entonces, Pere Macias, habló con el MNAC y con Barcelona para pedir una parte para la ciudad natal del artista. Se depositaron en Olot más de seiscientas piezas, alrededor de 680 según el recuerdo del interlocutor.

También se menciona la donación del padre Gelabert, vulcanólogo, que entregó su colección de piedras volcánicas y minerales. El hombre señala que estas aportaciones son importantes por la cantidad y por la variedad de las colecciones que permiten conservar.

9. La vida de Joan Malagrida

Malagrida nació en Olot a finales del siglo XIX, en una familia relativamente acomodada; su padre era ayudante de notario. Su madre murió cuando él tenía seis años. Su padre volvió a casarse y Malagrida tuvo una mala relación con su madrastra. Para darle una salida, su padre le consiguió trabajo en Barcelona cuando tenía dieciséis o diecisiete años, en una ferretería de la Rambla. Pasó allí unos años y después se marchó a París, aunque no hablaba francés. Intentó poner en marcha ideas como una cadena de limpiabotas, sin éxito.

Luego trató de trabajar como intermediario comercial entre empresas francesas y vendedores catalanes. Su estancia coincidió aproximadamente con la Exposición Internacional de París de 1888 o 1889, cuando se construyó la Torre Eiffel y la zona estaba llena de pabellones nacionales. Malagrida guiaba a visitantes catalanes y buscaba ponerlos en contacto con empresas, pero el negocio no prosperó. Acabó perdiendo dinero en apuestas de carreras de caballos.

En ese momento Argentina promovía la inmigración europea para ocupar territorios del interior, después de desplazar a los pueblos indígenas de la Pampa. Malagrida fue a Burdeos para embarcarse hacia Argentina y, según el relato, fue estafado: le cobraron un viaje que debía estar pagado y al llegar le robaron el dinero y la documentación. Quedó indocumentado y fue internado en un campo de inmigrantes en Córdoba. Un catalán lo sacó de allí, le dio trabajo durante medio año o un año y después Malagrida se trasladó a Buenos Aires.

En Buenos Aires empieza la parte menos clara de su historia. Con capital de otro olotense llamado Storch, compró un estanco y comenzó a fabricar tabaco en la parte trasera. En unos diez años pasó de tener un pequeño estanco a ser uno de los empresarios más importantes del tabaco en Argentina, con dos fábricas, diez marcas y una producción diaria de miles o millones de cigarrillos, según el recuerdo impreciso del hablante.

10. Los concursos de carteles y el marketing de Cigarrillos París

Malagrida tenía una visión comercial moderna y entendió el valor de la publicidad gráfica. A finales del siglo XIX empezaban a organizarse concursos de carteles; se mencionan los de Codorníu y Anís del Mono en Cataluña, además de concursos franceses. En 1900 organizó un primer concurso nacional en Argentina, abierto a artistas residentes en el país. Se presentaron, según el recuerdo del hablante, 188 carteles. Malagrida se quedó con los ganadores y devolvió el resto.

En 1901 organizó un gran concurso internacional para Cigarrillos París. Las bases se publicaron, al parecer, en castellano, italiano y francés. Envió a su secretario a visitar escuelas de arte europeas y buscó contactos en distintos países para difundir la convocatoria. Se presentaron 555 carteles y se organizó una gran exposición en Buenos Aires. Malagrida conservó las obras ganadoras y utilizó el cartel principal en las cajetillas y en otros materiales publicitarios.

El mensaje pasó de una descripción del producto —“Cigarrillos París, Tabaco Habano”— a una afirmación publicitaria —“Cigarrillos París, son los mejores”—. Esto muestra el paso hacia una publicidad basada en la persuasión y la imagen de marca. Malagrida siguió unos años en Argentina, se casó y, cuando el negocio empezó a ir peor, decidió regresar, aunque viajó entre Argentina y Cataluña hasta establecerse en Olot en 1910. Proyectó la Torre Malagrida y una casa en el paseo de Gràcia de Barcelona, donde se mencionan símbolos como un águila, un cóndor y figuras relacionadas con Argentina y Cataluña.

En uno de sus viajes, en 1904, llevó los carteles ganadores a Olot y los depositó en el museo. Se expusieron en Olot y en la Sala Parés de Barcelona. Después de la Guerra Civil, cuando se proyectó abrir el museo de arte moderno y solo se querían exponer tres carteles, Malagrida pidió que le devolvieran el resto. Su secretario se los llevó y quedaron solo tres en el museo. En los años ochenta la familia los devolvió y los donó definitivamente.

Malagrida terminó viviendo en Olot como un hombre muy rico y con contactos con el rey de España. Durante la Guerra Civil huyó a Italia; el interlocutor comenta, con cierta cautela, que Malagrida era partidario del bando franquista. El hombre recomienda consultar dos catálogos digitales donde se encuentran más datos sobre su vida y la colección.

11. La finalidad del museo y el origen de la Escola d’Art

El hombre explica que la exposición actual busca dar a conocer la historia artística, local y comarcal de los últimos doscientos o doscientos cincuenta años, desde la fundación de la Escola d’Art. Considera que esa escuela es lo que diferencia a Olot de otras capitales de comarca.

La escuela nació por una demanda empresarial. Olot era una ciudad importante en el sector textil y se puso de moda el estampado de indianas. Antes, la ropa era de color crudo o se decoraba con bordados costosos, accesibles principalmente a las personas ricas. El estampado de indianas utilizaba un tampón de madera con un motivo floral que se impregnaba de tinta y se estampaba sobre la tela. Para fabricar esos tampones se necesitaban personas con habilidad para dibujar, por lo que los empresarios pidieron que se formara a trabajadores en dibujo.

Se trajo un director de Mataró, cuyo nombre aparece en la transcripción como Penyó o Carles/Joan Carles Penyó. Las clases eran breves, de unas dos horas diarias, porque los alumnos trabajaban. Cuando la moda de las indianas decayó, también decayó la escuela. Hacia 1880, Joaquim Vayreda, su hermano Marià y otros artistas, junto con Berga, vieron que los alumnos necesitaban salidas profesionales. Se fijaron en la industria francesa de fabricación de imágenes religiosas, en Saint-Sulpice, y decidieron impulsar algo parecido en Olot. Así se desarrolló el taller de imaginería de El Arte Cristiano, que contrataba a estudiantes como aprendices.

Más adelante, Berga i Boix, amigo de Vayreda, asumió un papel directivo y la formación artística quedó conectada con los talleres. Los alumnos aprendían dibujo y pintura y podían trabajar en la producción de imágenes religiosas. Entre ellos destacaron escultores como Miquel Blay, a quien Vayreda y Berga ayudaron a conseguir una beca de la Diputación de Girona para estudiar en París; después fue a Roma y terminó viviendo en Madrid. Josep Clarà siguió una trayectoria parecida. Durante el siglo XX muchos pintores olotenses pasaron por los talleres de imaginería. En las décadas de 1970 y 1980, hasta 1992 aproximadamente, Olot llegó a tener unas diez galerías de arte con exposiciones que duraban quince días y vendían todas las obras; había más de cien artistas en activo.

12. Los carteles con niños fumando y la publicidad de principios del siglo XX

Una estudiante comenta que ha elegido un cartel de Cigarrillos París en el que aparecen niños fumando y pregunta si contiene una crítica. El hombre responde que no necesariamente: el cartel se dibujó en 1901 y los primeros estudios que relacionaron el tabaco con daños para la salud no aparecieron hasta aproximadamente 1930. En aquel contexto, los anunciantes podían atribuir al tabaco efectos de relajación, energía o incluso beneficios para los pulmones, según lo que quisieran promocionar.

La publicidad jugaba con estereotipos que todavía resultan reconocibles. Presentaba a mujeres jóvenes, seductoras y elegantes para asociar el tabaco con la belleza y la clase alta. También mostraba niños fumando para transmitir la idea de que fumar era una actividad adulta y, por tanto, hacía parecer mayor a quien lo hacía. El interlocutor no recuerda el nombre del artista del cartel. Recomienda compararlo con otros carteles de la misma colección que también muestran niños fumando y estudiar cómo se representaba el tabaco antes de que se conocieran sus riesgos. Ofrece enviar imágenes por correo electrónico.

13. La càrrega, de Ramon Casas: creación, contexto y composición

Cuando los estudiantes preguntan por una obra con una historia importante, el hombre recomienda La càrrega, de Ramon Casas, a la que el museo dedicó una exposición y un vídeo disponible en YouTube. Casas pintó el cuadro aproximadamente entre 1898 y 1902, quizá entre 1899 y 1902. Se le presenta como el gran pintor modernista catalán y un retratista de la elegancia burguesa. Procedía de una familia acomodada, pintaba por placer y tenía una gran habilidad técnica.

Casas desarrolló una forma de pintura cercana al fotoperiodismo, conocida como pintura de société, que representaba acontecimientos reales. Se mencionan tres obras importantes: La càrrega; Garrote vil, que muestra una ejecución en el Paral·lel de Barcelona; y Sortida de Rams, relacionada con la salida de niñas de Santa Maria del Mar, en un contexto en el que se sabía que un anarquista arrojaría una bomba en una calle cercana y mataría a muchas personas.

La càrrega es un cuadro de gran formato que Casas quería presentar a un salón o concurso en París. No llegó a terminarlo a tiempo, lo guardó, recibió críticas de sus amigos, lo retocó y finalmente lo presentó en 1902 con el título Barcelona 1902. El cuadro se relaciona con las huelgas obreras del cambio de siglo, en las que los trabajadores reclamaban jornadas y semanas laborales más cortas. El Estado y la patronal reprimían esas huelgas.

El espacio representado es en gran parte inventado. Santa Maria del Mar existe, y Casas tenía su estudio cerca del Pla de Palau, pero la plaza de la escena no es una localización exacta. Añadió chimeneas que recuerdan a las del Paral·lel, un cielo rojizo y hojas de plátano para sugerir el otoño. La gente va abrigada y huye. El hombre destaca el vacío y la amplitud de la composición: por el formato, el espectador parece situarse dentro de la plaza, casi frente a frente con los personajes.

14. La càrrega: modelos, recepción política y llegada a Olot

Casas reutilizó en la composición un personaje conocido como el noi de Tona, un vendedor ambulante que recorría Barcelona y que había servido de modelo para un hombre atropellado por un tranvía. El dibujo de ese atropello apareció en la portada de la revista Il·lustració Catalana. También utilizó como modelo a un guardia civil. Aunque desde el sindicalismo se ha interpretado la pintura como una crítica a la represión, el hombre explica que Casas no tenía una vinculación política clara ni un interés particular por los trabajadores. Fue al cuartel de la Guardia Civil, observó ejercicios de carga y tomó notas.

En una primera versión, el guardia y el caballo aparecían en una postura más agresiva. Alguien le dijo que era demasiado violenta, así que Casas modificó la escena para que pareciera que el caballo frenaba y el agente retrocedía. La obra se presentó en París y ganó un premio. El Estado español la compró, pero no quiso exhibir una imagen de su propia policía reprimiendo al pueblo y la guardó en un almacén.

Miquel Blay, escultor nacido en Olot y director de la Academia de San Fernando de Madrid, propuso pedir el cuadro para el museo de Olot. En 1919 la obra fue enviada a la ciudad, donde permanece desde entonces. El hombre recuerda un artículo humorístico que describía el traslado como un exilio del cuadro a tierras lejanas.

En los años ochenta la obra viajó a Barcelona y Madrid para ser restaurada. En Madrid se pegó una tela en la parte posterior con un producto que se endureció demasiado e impidió que el lienzo pudiera doblarse. Como normalmente se necesita desmontar el cuadro del bastidor y enrollarlo para transportarlo, esa restauración lo volvió especialmente frágil. La Generalitat elaboró un informe según el cual el cuadro no debería viajar salvo entero; por sus dimensiones y por las dificultades de transporte, el museo ya no ha permitido que salga. En 2019 se organizó una exposición para conmemorar el centenario de su llegada. El hombre recomienda consultar el sitio de Olot Cultura, donde están disponibles explicaciones y materiales.

15. Otras obras recomendadas y proyectos futuros

Al preguntar por otras obras con historias potentes, el hombre dice que La càrrega es excepcional por la cantidad de investigación que se ha hecho. Para un trabajo, recomienda estudiar conjuntamente los carteles de Cigarrillos París, ya que permiten explicar a Malagrida y los inicios del marketing. También menciona un tríptico de Enric Guada que aborda un asesinato de género: una mujer sale de fiesta, da un beso furtivo, vuelve a casa y su pareja la apuñala; la secuencia termina con una criatura. También señala una escultura que considera interesante y recuerda que algunas obras de Vayreda ofrecen historias que pueden desarrollarse, aunque no tan complejas como la de La càrrega.

Comenta que el año siguiente se dedicará una exposición a Meléndez Siqueira, artista cuyo trabajo avanza hacia la abstracción y de cuyo nacimiento se cumplirá el centenario. También menciona futuras exposiciones relacionadas con Leonci Quereda y Margit Coxies, artista de Argelaguer fallecido en los años ochenta.

16. Identidad del museo, comunidad y exposiciones temporales

La última parte de la conversación trata de la identidad que el museo quiere transmitir a quienes llegan de fuera. El hombre insiste en que su objetivo es explicar la historia local y comarcal, no dedicar su trabajo a figuras como Picasso que no tienen una conexión específica con el territorio. Incluso las exposiciones temporales se centran en Olot y la Garrotxa.

Menciona la Sala Oberta, una sala de exposiciones temporales gratuita situada a mano derecha al entrar, y otra exposición de arte contemporáneo al fondo. Recomienda a los estudiantes que vuelvan a menudo, especialmente porque estudian en la Escola d’Art. Las exposiciones recientes han tratado el textil local; la exposición del año en curso está dedicada a la arquitectura local. El objetivo es crear comunidad, divulgar el patrimonio entre los habitantes de la zona y dar contenido a una historia plural que no es solamente artística. Según explica, es poco habitual que visitantes de Barcelona se desplacen a Olot para ver exposiciones, por lo que el museo trabaja prioritariamente para la comunidad local.

La institución busca reivindicar la Garrotxa y poner en valor la singularidad de Olot, que atribuye en buena parte a la fundación de la Escola d’Art y a los artistas que se formaron en ella. Al final, los estudiantes agradecen la explicación, comentan que pueden escribir por correo si tienen preguntas y hablan brevemente de su procedencia y de sus profesores. El hombre les ofrece artículos relacionados con la historia y les pregunta por posibles trabajos o actividades que tengan que hacer más adelante.

Cronología de referencia

Fecha o periodoAcontecimiento mencionado
1898El Ayuntamiento acuerda impulsar la apertura del museo.
1900Primer concurso nacional de carteles de Cigarrillos París en Argentina.
1901Concurso internacional de carteles de Cigarrillos París.
1904Malagrida lleva los carteles ganadores a Olot.
1905Apertura del museo como museo-biblioteca.
1924–1925Reforma de algunas salas.
Guerra CivilEl edificio sirve de refugio para objetos valiosos; el museo cierra después del conflicto.
1919La càrrega llega a Olot desde Madrid.
1962–1963Las colecciones regresan al edificio y se refuerza la orientación arqueológica.
1980sRobo atribuido a Érik el Belga; cierre, inventario y reforma.
Aprox. 1987Reapertura del museo en la planta superior.
1985–1986Encuentros de cerámica de El Coure; Estiu 86 reúne a artistas japoneses.
2017El arte se convierte en hilo conductor de la exposición permanente.
2019Exposición por el centenario de la llegada de La càrrega a Olot.